Pilares 2019, en Urriés todo es posible

Para cualquiera de nosotros, me refiero a los aragoneses, la fecha del 12 de octubre es un día grande de verdad.

La ciudad de Zaragoza se llena de fiesta, de ambiente en las calles, visitantes de mil y un lugares, de flores…

Para los que lo vivimos desde fuera de la urbe también son días diferentes. En realidad suelen ser días de menos gente en el pueblo porque muchos salen en busca del mogollón, pero días en los que todos somos conscientes de lo especial del calendario.

El sábado por la mañana es ya una tradición esperar la foto de los urriesin@s que pasan en la ofrenda, pero este año ha comenzado otra que se perdió ya hace tiempo, las fiestas de Gordún.

Gordún es hoy un pequeño y herido barrio de Navardún. Fue municipio con ayuntamiento propio hasta la segunda mitad del siglo IX y por supuesto eso fue el principio de su fin. Cuando dejas de tener algo o alguien que te da protagonismo, que se preocupa de manera directa y te conviertes en colista de las preocupaciones de un tercero todo es cuesta arriba (más nos vale estar con los ojos bien abiertos porque más de uno quiere que nos pase lo mismo a los demás). Tiene una pequeña y preciosa plaza rectangular, rodeada de edificios de una altura presidida por la Iglesia de la Virgen del Pilar y San Ignacio de Loyola del siglo XVII y una imponente pared en el centro que desafía al tiempo y que hacía las funciones de frontón. Por el lado más respetable jugaban los mayores y por su parte más tosca los pequeños del pueblo. Imaginaros la estampa, no tiene precio.

Frontón de Gordún, el más antiguo del valle y posiblemente de la comarca

Estando su iglesia dedicada a la Virgen del Pilar, las fiestas mayores eran por supuesto el 12 de octubre y desde 1970 no se había llenado la plaza de música y gente para celebrarlas. Y digo no se había llenado por que este año ha vuelto a suceder. Los jóvenes de Petilla, Navardún y Urriés decidieron que esto debía cambiar, que el espíritu de las revueltas de la España vaciada también debía llegar a Gordún. Puede parecer una tontería, una mera excusa para montar otra fiesta, pero os aseguro que es mucho más. Nos hace mantener la memoria viva, nos hace sentirnos unidos en el valle, que no importe que dependas de uno u otro ayuntamiento, el espíritu, la fiesta, la revuelta la hace gente que vive y siente la tierra. Seguramente la música que sonó en 1970 fue muy diferente de la de antes de ayer, pero la alegría sería muy parecida.

En el invierno de 2005 saquearon la iglesia del pueblo, por suerte las piezas robadas fueron encontradas, pero las heridas de muerte siguen muy presentes, aunque el sábado parecían menos graves.

Bueno, pues esto es solo la crónica oficial. Pero un día lo hace realmente diferente las pequeñas historias satélites que hay alrededor. Y este fin de semana hemos tenido una muy especial. Una de esas que te conmueve por dentro, de las que no deja indiferente y además con moraleja. Os cuento

El viernes por la tarde nos llega una furgoneta amarilla al pueblo. La conductora era una chica francesa, joven, que ha emprendido un viaje desde su ciudad natal para recorrer todo el norte de España, Portugal, salir a Andalucía y regresar pasando por Madrid a su ciudad. Primera escala, Urriés.

A finales del 1800 su bisabuelo Simón y su familia salieron de nuestro pueblo hacia Francia buscando un futuro más amable. Fueron muchos los que por esas fechas emigraban de nuestros pueblos hacia Francia o América para ganarse la vida. Tantos como que en todas las familias de Urriés salía por lo menos uno de los hermanos. Éxodo que continuó a principios del XX hasta que en los años 60 se vaciaban casas completas. Es curioso que con esta historia tan reciente algunos miren con mala cara al que viene de fuera para ganarse el currusco de pan, pero esta es otra historia y me estoy liando.

Bueno, el tema es que el viernes esta chica, Elena, apareció por el bar, tomo unos vinos y se integró a la perfección. Los genes son los genes y algo queda por muy lejos que te vayas pero además es encantadora.

Por si esto no fuera suficiente, Íñigo, otro mozete descendiente del valle y que llevaba un tiempo viajando por 10 países diferentes, apareció también por Urriés con ganas además de echar raíces y con múltiples ideas para emprender en la zona. Ya os podéis imaginar, la tarde fue redonda, cenaron en el bar y quedamos para el sábado por la mañana para buscar documentación del bisabuelo. No iba a ser fácil porque no teníamos mas que la fecha de defunción y en su día algún familiar lo había intentado y no encontraron nada.

Después de desayunar subimos al Ayuntamiento y en el libro 3 del registro civil, unos 20 minutos después de comenzar la búsqueda, lo encontramos.

El registro comienza en 1882 y en junio de 1884 nacía Simón Salvo García. Fecha, nombres de los padres y casa de los abuelos eran la recompensa del hallazgo. Imaginaros la situación, emprendes un largo viaje en busca de tantas cosas y experiencias, decides hacer la primera parada en el pueblo de tu antepasado, un pueblo pequeño al que llegas por una carretera del demonio. Allí te reciben con los brazos abiertos, sientes tus raíces y encuentras el documento que de alguna manera cierra la historia. Fue un momento precioso el que Elena nos regaló. Porque fue así, ella nos lo regaló, ella nos transmitió la alegría, nos hizo ser conscientes de nuestra historia, a veces dura pero emocionante, también de nuestras miserias pero con un corazón enorme. Muchas gracias Elena y a ti Simón, hijo de Pedro y Francisca, descendientes de casa Solana, tú nos has hecho protagonistas de esta nueva historia.

Pues la cosa continuó con una vista por el actual Urriés, visitando cada rincón pero intentando explicarle y que entendiera cómo vivió su bisabauelo, pisando las calles dónde jugó de niño, contándole qué comían, como se organizaban alrededor de la cadiera, como era la escuela, etc, hasta acabar en casa de Asunción que con sus 97 años le explicó cada detalle que recordaba de aquella dura pero feliz época.

Por la tarde a fiestas de Gordún por supuesto y el domingo siguió bebiendo de las historias de nuestros mayores. Si se queda un día más se empadrona y compra una casa.

Y esta es la historia de un día del Pilar cualquiera en las altas tierras de Urriés. Si decidís no visitarnos ya sabéis lo que os perdéis, pero si venís os garantizo os llevareis un puñado enorme de cariño.

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